Ganas de abandonar
Ganas de abandonar
¿Cuando las ganas abandonar ya son signos de renuncia?
Esa es mi pregunta: ¿como se reconoce la indiferencia, pesimismo o el abandono de un futuro renunciante?
¿Existen estos indicios reales diferenciadores para los ojos comunes?
Aparentemente no es tan fácil en un mundo tan competitivo, cada día más distractivo e individual.
Pienso que sus señales más reconocibles puedes ser la indiferencia y su actuar ante una supuesta sensación de injusticia. La indiferencia nace de la sensación de que los estímulos son iguales venciendo o perdiendo, rindiéndose o luchado.
¿Que pasa por la mente de quien bordea el precipicio?
Considero que esta en un estado permanente de nublamiento y confusión frente a emociones y sentimiento indomables. En una desesperanza que no permite ver luz. En una agonía de lenta indiferencia a si mismo producto de una inmensa frustración de sentirse menos preciado frente a una situación a su parecer injusta. A un cansancio que carcome día a día sin posibilidades de sensación de mejoría. A un diario menoscabos a su autoestima.
En un estado de permanente remordimiento sin perdón, de sentir que se es culpable de la miseria de sus seres queridos o directamente un escape a su falta de coraje. A su incapacidad de afrontar el diario vivir que le espera.
¿Qué hacer frente a un renunciante? ¿Cómo ayudarlo, que decirle?
Consolarlo con un: “No te preocupes le pasa a todos”, “Ya se te pasara”, “Eso no es nada comparado a lo mió”, no debe ser solución alguna. Eso es una manera sencilla y sutil de decirle que no me importa para nada su hablar y actuar. Mas abandonado, carente de compañía y menos cobijado ha de sentirse.
-Consolarlo con un: “Un confió en ti”, “Tu eres fuerte y sabrás que hacer”, pienso se convierte en un lastre mas pesado aun. Es un no me decepciones. Es una carga emocional más a la que ya lo tiene de hecho sobrepasado.
-Quizás un insulto o agravio lo haga reaccionar en rabia y orgullo en contrario al hecho. No renuncio, para demostrarte a ti lo fuerte que soy. ¿Será esto prudente o efectivo? (No se)
-Incentivarlo con una meta a corto plazo con beneficios inmediatos.
Porque: ¿Que busca un renunciante?
¿Buscara perdón, consolación, identidad, integración, recuperar su fe, justificación, enmendación, raíces, amor, respeto y consideración?
Porque el grado extremo de inestabilidad emocional, lo debe confundir al grado de no poder interpretar la correcta intención del mensaje. Un gesto de apoyo, cariño puede ir en contra de su mensaje original. Una intención de amor puede ser considerada de burla o agravio. El no esta emocionalmente y sentimentalmente sano.
¿Que defiende el renunciante? ¿Que es lo que un renunciante no quiere compartir?
El es un grito que pide ayuda, pero que se niega y avergüenza de gritarlo abiertamente. Quiere ser amado sin rogarlo o sin condiciones. Es un grito diciendo: Percátense que existo y considérenme.
Quiere ser identificado, tener raíces representación afectiva en su grupo. Necesita ayuda y envía señales a su manera. Señales que considero difíciles de interpretar o ver, por cuando si ya era ignorado cuando estaba sano, menos llamara la atención en su enfermedad actual si no la expone abiertamente. El no quiere gritarla, el desea inconscientemente que se la descubran. Quiere enmendar una situación por los cursos naturales de relación y participación. Desea una respuesta natural que no ha sido capaz de despertar, no una respuesta motivada a una razón o obligación de actuar. No quiere piedad, ni compasión.
Quiere amor como se da el amor, quiere ayuda como se le regala a todos, quiere consideración en su curso natural. N
No quiere amor, ayuda y consideración especial o especifica por el estar en una situación crítica.
Esa es su desesperación, quiere sentirse participe sin exigirlo, gritarlo, rogarlo o llorarlo.
Su mayor temor de una ayuda, es que después, no pueda discernir cuando es amado en forma natural o cuando se le esta otorgando en base a una consideración especial. No saber si el beso fue sincero o fue por su grito de auxilio le hace desconfiar del emisor.
Supongamos que sabemos lo que le atormenta. ¿Lograremos captar el nivel de debilitamiento que tiene en su ser?
Todos resolvemos y sufrimos los mismos problemas en la vida, pero nuestros intereses, capacidades, conducta y moral son distintos. Un mismo puzzle en algún momento de nuestra vida puede ser de 1500 piezas y para el resto solo de 50 piezas. Solo el tiempo es relativamente igual. Nuestros ideales son iguales pero los caminos distintos. Así como físicamente el umbral del dolor es distinto, emocionalmente el dolor y angustia también debe ser así.
Entonces en mi problema fuera de mí accionar, el tiempo y el entorno también son parte de esta renuncia. (Es lo más obvio que he dicho hasta ahora).
El tiempo:
El tiempo es característica que influye poderosamente en este accionar. Nuestro actuar no será el mismo si disponemos de 10 años más de vida, que si disponemos de toda nuestra vida por delante. Es en base al tiempo que evaluamos nuestra posibilidad real de revertir la situación. Y si este es corto, nos desmotiva o desalienta en grado mayor. La meta se ve inalcanzable o demasiado difusa.
El entorno:
La relación con mi entorno me da la sensación de integridad e identidad para mantener un correcto auto estima. Rompiendo esta relación de equilibrio, esta puede manifestarse en renuncia, exaltación, frustración, fanatismo, etc.
Puede hasta darse la posibilidad (no común) que quizás la enfermedad no este en mí, sino que en ni entorno al que no logro adaptarme (homosexualismo, etc. etc.).
¿Puede ser la renuncia el camino correcto?
Porque no, posiblemente en algunos casos sea solución (hablo de particularidades, no generalidades).
En algunos casos el abandonar es la solución a no estar sufriendo, ni regalando un sufrimiento y carga insoluble en el tiempo
Eutanasia y aborto, no siendo lo mismo, encierran ciertos elementos y conceptos en común.
Solo creo que ante cualquier decisión optada, en lo ideal, se debe uno preocupar en no dejar heridas abiertas en las personas que nos rodean.
El abismo o precipicio.
El precipicio lo separo del abismo en que le precipicio es sinónimo de precipitación, el acto sin conciencia y razonamiento.
El abismo es la lucha consigo mismo, a la confrontación de la conciencia con las sensaciones que nos produce.
Sentarse al borde del oscuro (me lo imagino oscuro siempre) abismo deja enseñanzas y cambia ciertas percepciones de la vida. Posiblemente se crece mucho ahí, lo que no se logra es avanzar. Se le da mas sentido a muchas cosas que se gritan con inconciencia total cuando se esta sano y contento. No tenerle miedo al abismo como se grita frecuentemente por ahí cambia radicalmente mirándolo a los ojos.
No todo es miedo, angustia, dolor y confusión tampoco. Hay mucha curiosidad y se puede crecer en reflexión, fe (no necesariamente en Dios, sino que en la vida). Mucho debate interno de ser y esencia. De aceptación, identidad e integración.
También da una sensación de poder infinito. Estamos a instantes de la ausencia de temor total (suponemos). No puede haber algo mayor a lo que se siente que me pueda dañar. Estoy en el clímax de la venganza, de la decisión, de la alegría, del olvido y de las emociones sangran dolor.
En pocas palabras es un minuto de gloria, por primera vez tengo la decisión completa en mis manos, sin intervenciones ajenas. Yo decido.
Es mi acción y el logro de ella es que no estaré frente a su crítica, será una evasión sin castigo, un acobardamiento sin juzgamiento, un arrancar sin testigos.
La mente lucha entre tanto por un motivo de lógica de supervivencia. No lo niega, ni se hace la tonta, sabe que este acto es un acto lleno de agresión a sus pares. Un dañar a las personas que se supone lo ignoraron o le negaron su integración.
Es darle el peor escarmiento y sufrimiento posible: No darle posibilidad alguna, al perdón del remordimiento que mi renunciación les provoca. (Suponiendo que así fuera).
Y el abismo tiende al cielo y al infiero. Hay renunciantes sentados más altos que uno y otro más bajo.
Es justo, democrático y igualitario. No hace distinciones entre un humilde y un soberbio, un rico y un pobre, un delincuente y un cura, entre un sabio y un ignorante. Los tortura y somete a todos por igual.
Tampoco hace excepciones. Nadie esta llamado a el, pero nadie esta libre de el.
Atrae, pero no obliga. Posibilita el intento de enmendar y retroceder, de crecer y tener fe, de buscar el remedio que calme el dolor.
Se logra sobrevivirlo por tres motivos (deben haber infinifdades):
Uno: por logro personal, superación, amor al próximo, prevalecimiento del correcto sentido, fe o esperanza.
Dos: Por suerte. La suerte de que la posibilidad y el deseo no se encuentren. Algunas veces esta el deseo de renunciar, pero no así la posibilidad. Y en otras, esta la posibilidad pero no el deseo. Si ambos se juntan son extremadamente peligrosos
Tercero: Por terceros. Por persona que nos aman, enviados de dios, destino o casualidad. (Escojan a su parecer).
Y las tres pueden actuar por si solas, en forma conjunta o en incoherencia.
Es posible que los mismos motivos con que el abismo te llama sean esgrimidos por el renunciante para salvarse. Se da el caso, que las mismas manos que te empujan al salto son las mismas que te aferran fuertemente a la vida. Son a la vez tu renuncia y tu querer seguir.
Cuando los conceptos más débiles te regalan fuerza. Cuando la vergüenza y miedo se transforman en el ultimo halito de fuerza para romper el hechizo. Cuando la vergüenza te hace retroceder a salvo. Cuando la vergüenza te hace entender que el amor a los demás no se paga con dolor. Cuando el miedo a perderlos te hace reaccionar a favor de la vida. Cuando comprendes que el amor no esta en juego.
Cuando se comprende: que esa casa que no sientes en ningún lado, que esa falta de raíces que añoras, ese sentirse inepto para estar ahí, el no querer llevar más sufrimiento a tus seres queridos, son cosa que el abismo tampoco te ofrece.
¿Qué casa, raíces, identidad y absolución me ofrece el abismo?
Ninguna, bajo mi opinión cristiana o abierta a cualquier otra posibilidad de existencia. Solo la creencia absoluta de la nada podría cambiar mi perspectiva, o en resumen hacer súper fácil la desición errada.
La fe y esperanza
La creencia de alguna forma de continuismo deja abierta la posibilidad que la renuncia no sea solución, sino que una agravante más. Tanto para mí, como a mis semejantes en dolor.
La posibilidad de presentir, ver, o compartir el dolor de una acto así desde cualquier parte o en cualquier forma es aterrante y culposa para mi. No podría resistir ese suplicio ver el sufrimiento -y menos- el legado que mis semejantes heredaran de mí (tendencias). Sobre todo al negarme la posibilidad de acompañarlos, reconfortarlos y compartir.
Lo malo del abismo, a pesar de que en algunos casos enamora enfermizamente, es que una vez conocido, se puede evitar, distanciar, aborrecer, despreciar y hasta olvidar. Pero nunca se cierra la puesta totalmente, siempre deja una tenue luz con posibilidades a crecer frente a un nuevo agobio o desesperanza.
Este post va en relación a un mensaje que recibí hoy de quien quiero mucho
¿Quién más que tú,
con una pala y un sombrero
abre la tierra, sin arado y sin tractor?
¿Quién más que tú, trabaja en año nuevo?
¿Quién más que tú merece el cielo
para sembrarlo entero?
Gervasio
(Por favor dejen fuera de tema a Gervasio)
Saludos y suerte








Ordenando los cajones
CANSANCIO... Yo creo que por ahí va.
¿Y cansancio de qué, exactamente?
Entonces aquí imagino que abro mi 'cajón' mental para vaciar tanto cachureo desordenado ahí dentro, y empiezo a guardarlos de nuevo uno a uno, esta vez en orden... dejando afuera todo lo que ya no sirve.
(No tengo idea si resulta siempre, pero es un buen reencuentro).
Saludos,